Monje que dirigía los trabajos del scriptorium, haciendo las veces de bibliotecario.

Trabajando para crear un rincón al que acudir. Un lugar de encuentro. Un sitio confortable en el que relajarse. En el que pasar el tiempo o emplearlo. Una colección de alternativas, de opciones. Una variedad de invitaciones a participar de forma activa o pasiva. Creando, añadiendo, enriqueciendo o disfrutando de lo que encuentres.

En el blog

Concebimos la comunidad como un simple lugar de encentro de los usuarios para el intercambio de ideas y para establecer sus preferencias. Con el paso de los días y la evolución del proyecto, la comunidad está revelándose como una parte muy importante del servicio.

Como previsión de la gran cantidad de información que pretendemos recoger y la dificultad de adaptar, corregir y clasificarla, si además queremos que sea un servicio para los usuarios, de los usuarios y por los usuarios, el camino es la comunidad.

Aunque en un principio asumamos el papel de gestionar los contenidos que los usuarios vayan proponiendo, es indispensable que esta labor se vaya delegando en los propios usuarios y que sean ellos los que reconduzcan la vida del servicio según sus propios intereses y necesidades. Esto nos plantea ahora nuevos retos importantes:

  • Crear un sistema de valoración de usuarios para distinguir a los que más y mayor calidad aportan a la comunidad.
  • Dar a los usuarios que destaquen acceso a herramientas de administración de contenidos.

Nos la prometíamos muy felices hasta que nuestro router ADSL, por el que salimos a Internet, ha tenido un extraño fallo. Han dejado de funcionar todas sus bocas RJ45 dejando sin Internet a toda la red. Por suerte la red interna la gestiona otro router, por lo que los trabajos han podido continuar sin problemas.

Resulta curioso como el uso continuado de Internet ha modificado los hábitos de trabajo hasta el punto de que la mayoría de las fuentes de referencia se encuentran en la red de redes. La mayoría hemos perdido la costumbre de los manuales de referencia y archivos de ayuda y, sin Internet, nos bloqueamos ante cualquier duda.

Hoy ha sido una suerte que el equipo de trabajo sea tan reducido y hemos sorteado el problema con la conexión WIFI de un portátil y un adaptador USB para un ordenador de sobre mesa.

El diseño de la web va tomando forma y empieza a estar listo para integrarse con parte del desarrollo. YouTube y Facebook haN sido muy inspiradores para definir la funcionalidad del servicio. De la misma forma, también lo han sido para el diseño.
Concebimos la comunidad como un simple lugar de encuentro de los usuarios para el intercambio de ideas y para establecer sus preferencias. Con el paso de los días y la evolución del proyecto, la comunidad está revelándose como una parte muy importante del servicio.

Como previsión de la gran cantidad de información que pretendemos recoger y la dificultad de adaptar, corregir y clasificarla, si además queremos que sea un servicio para los usuarios, de los usuarios y por los usuarios, el camino es la comunidad.

Aunque en un principio asumamos el papel de gestionar los contenidos que los usuarios vayan proponiendo, es indispensable que esta labor se vaya delegando en los propios usuarios y que sean ellos los que reconduzcan la vida del servicio según sus propios intereses y necesidades. Esto nos plantea ahora nuevos retos importantes:
  • Crear un sistema de valoración de usuarios para distinguir a los que más y mayor calidad aportan a la comunidad.
  • Dar a los usuarios que destaquen acceso a herramientas de administración de contenidos.

Cuando exponemos el proyecto mucha gente nos pregunta por el origen del nombre. Nadie, hasta ahora, lo ha relacionado con la literatura y libros. De todos los nombres que intentamos ninguno estaba libre. Pero hubo una nueva idea. Un nuevo nombre que sí estaba disponible.

En el Scriptorium, el Armorius dirigía el trabajo haciendo las funciones de un bibliotecario y facilitaba a los copistas los utensilios y herramientas para su trabajo. Precisamente, uno de nuestros objetivos, es ofrecer herramientas para el escritor. Dar un lugar de trabajo, un punto de encuentro.

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